Nuestra comprensión de los eventos históricos y de la sociedad contemporánea se moldea a través de los discursos y escritos de historiadores, profesores, periodistas y otros agentes culturales. Sin embargo, la imagen que forjamos de la historia deriva, en última instancia, de los objetos custodiados en archivos, museos y enciclopedias, que actúan como depositarios del mundo visual y de las ideas que las clases dominantes de cada época desearon proyectar.
En el ámbito literario, la crítica a la historia escrita por los vencedores es más frecuente y manifiesta una resistencia más contundente al orden hegemónico que en el terreno de la imagen. Los Museos, bajo el pretexto de la apreciación estética, introducen valores de un mundo anterior (medieval) que perviven en la cultura contemporánea en forma de leyes, valores y sentidos comunes, en un proceso que fusiona la educación y la propaganda.
El Museo y las instituciones educativas establecen una ontología que normaliza y promueve la conformidad con los hechos consumados del pasado totalitario de las sociedades contemporáneas. Este pasado, persistente y problemático, no solo moldea el orden internacional, sino que a menudo reaparece, repitiendo sus atrocidades más violentas, como vemos actualmente en Palestina.
Contrariamente a la idea recurrente de que el pasado no debe ser juzgado con sensibilidades actuales, este trabajo cuestiona la normalización y legitimación de la imagen que instituciones cuestionables proyectaron de sí mismas. También se interroga sobre las cosmovisiones que, desde la cultura y el arte europeos, se construyeron para enaltecer sus motivaciones e idiosincrasias identitarias.
Frente a estas dinámicas, se propone una contribución iconográfica al discurso crítico, que suele manifestarse en la movilización social y académica. Esta propuesta busca representar a los poderes actuales, muy celosos de su imagen, desde una posición antagónica e intrusiva. Así, se generan ficciones en relación con la institución, la cual, a pesar de sus intentos de rebeldía, permanece bajo su influencia.
En la instalación destaca una reproducción recontextualizada de la infame bula papal Inter Caetera de 1493 conmemorando la apropiación catastrófica del continente Americano por parte de los Reyes Católicos a donación del papa valenciano Alejandro IV, y que aún sigue vigente legalmente en la jurisprudencia Americana, mientras la figura de un sobredimensionado caganer alude a la colonización catalana de las Islas Canarias, en la que se anticipó ese esquema legal con la participación del papado de Aviñón y el Reino de Aragón bajo el mandato de Pedro el Ceremonioso.
Imágenes Del Museo Episcopal de Vic, que representan de forma muy expresiva y al sujeto europeo medieval lleno de emociones humanas, entran en diálogo con las imágenes que los grabadores europeos produjeron de las regiones colonizadas, mostrando la construcción de dos miradas contrapuestas y diferenciadas con las que entender lo humano.
Se muestra un conjunto de dibujos preparatorios para una cartografía mapamundi del Renacimiento Europeo que muestra la expansión europea durante el siglo XVII y que señalan instituciones y elementos genealógicos en la cultura contemporánea que se fundaron o tuvieron importancia durante la expansión colonial del siglo XVI.
-------
El navegante mallorquín Domenech Güal, que capitaneó una expedición a las Canarias a mediados del siglo XIV, iniciando una serie de expediciones cuya actividad pudo oscilar entre el esclavismo, la evangelización y la extracción de recursos como el tinte púrpura de Orcilla y fue instrumental en el establecimiento del Obispado de Telde en 1351, el primer asentamiento colonial en las islas, al que la Iglesia Católica otorgó el título de Ciudad y en el que se habló catalán. La Figura quiere señalar la participación catalana en la acción colonial europea que con frecuencia el nacionalismo local ha tratado de disimular.
------------
MUSEO AJAMÓNICO























